Onde comeza a cola da serpe?

Manfred Richter

Manfred Richter

Fernando Losada. Como cada día, Eva tomou un almorzo e foi á súa pequena granxa mirar polos seus animais: dous cadelos, unha cabra, un galo, sete galiñas, un macho de pavón, tres coellos e un par de porcos bravos (porque lle gustaba moito a carne de xabaril). Polo camiño, pasaba sempre xunto a unha gran rocha de granito na que xogan moito os seus netos cando van facerlle unha visita.

Case nunca lle presta atención, mais esta vez viu o que parecía unha pequena serpe que, de súpeto, correu para ocultarse nunha fenda ante o sorriso da vella.

Se estivese aquí calquera dos seus veciños matarían o réptil, non vaia ser que mordese ou asustase algún dos seus animais (ou mesmo a ela), pero Eva estaba tranquila. Sabía que a maioría das serpes galegas non teñen veleno, e por riba, o que estaba a ver non era nin sequera unha serpe, senón un lagarto sen patas. A súa filla, herpetóloga (é dicir, especialista en anfibios e réptiles), contoulle que, hai moitísimo tempo, cando os dinosauros camiñaban pola Terra, viviu o antepasado común de todos os lagartos e as serpes, e co paso do tempo, a súa descendencia adaptouse pouco a pouco aos ambientes onde vivían: os camaleóns poden cambiar de cor segundo sexa o seu estado de ánimo, os varanos volvéronse moi grandes (ata tres metros), e outros, como as serpes, perderon as patas, xa que así poden moverse por lugares aínda máis estreitos. Pero o que estaba a ver Eva non era unha serpe, senón un lagarto sen patas. Cal é a diferenza? Moi sinxelo: as serpes teñen a cola moi curta. Pero, onde comeza a cola dunha serpe? Verémolo despois.

Exemplo de ofidiofobia

O que viu Eva foi un macho adulto duns 40 centímetros de escáncer (Anguis fragilis), como o da foto. Come principalmente larvas de insectos e lesmas, e por iso é moi bo que estea no campo, aínda que a súa veciñanza non pense o mesmo: matan todo o que semella unha serpe. Outro exemplo de ofidiofobia que afecta estes lagartos. Por sorte para el, nesa horta está a salvo dos humanos, non así de serpes como a cobra lagarteira ou a víbora de Seoane, nin de aves de rapina como o lagarteiro.

6 comentarios en “Onde comeza a cola da serpe?

  1. Lo comprendo perfectamente, Fernando, los ofidios son muy necesarios para mantener el equilibrio de la naturaleza pero, el miedo es libre.
    Me gusta mucho como escribes. Barbantia es un filón de pensadores- escribidores. Que no se rompa la cadena.
    Besiños palmeiráns.

    1. Gracias por tus palabras, Magdalena. Por ahora, mientras tenga tiempo y me den esta oportunidad, seguiré escribiendo un par de artículos al año.

      Un saludo.

  2. Hola, Magdalena. Quise hacer este artículo a mayores de otro que realizó mi amiga Laura Gutiérrez sobre la ofidiofobia (el temor u odio a las serpientes): ya que ella se centró en las ofidios en sí, quise hacer un repaso a los lagartos sin patas, o con patas atrofiadas.

    El de la foto, un lución (en gallego, escáncer) es inofensivo para los humanos. De hecho, en Galicia sólo las víboras (que se diferencian por su pupila vertical) pueden ser dañinas para nosotros (por su veneno), y sólo muerden a los humanos si se sienten en peligro.

    Entiendo el temor a las serpientes, pero son necesarias en el medio.

    1. Por lo que he podido comprobar, desde el móvil se puede acceder al artículo completo; pero desde el ordenador, sólo se ven los primeros párrafos.

  3. Buenos días, Fernando: yo no recuerdo ( como se lo conté a tanta gente ) si aquí en Barbantia lo mencioné ya en otra ocasión, pero como hoy has escrito sobre reptiles, voy a contarte lo que me ocurrió hace muchos años. Si me repito, pido disculpas.
    Cuando yo era pequeña, no había lavadoras en casa y la gente iba con la colada al río. En un lugar llamado ” a Casanova” al lado de la aldea de Sampedro, había una familia que tenía un río particular. Pasaba por dentro de la finca en donde había también un molino y el terreno estaba cerrado todo alrededor con un muro. Para poder ir al citado río, había que ir con el permiso de los dueños, lógicamente.
    Un día, como tantos otros, fui con mi madre. Lo primero que lavaba siempre era el vestido que yo llevaba puesto, (iba con él sucio y regresaba con el mismo, limpio y seco). Enfrente del río, había otra finca ( esta sin cerrar ) y allí era donde echábamos la ropa al clareo. ( mojada y con jabón, se dejaba una hora al sol para que el detergente y el sol hicieran la función de higienizar y blanquear la ropa ). En ese espacio de tiempo nos sentábamos mi madre y yo y disfrutábamos de un pequeño “picnic”. Al acabar la siempre sabrosa merienda enriquecida sin duda por el entorno en que la degustábamos, mi madre me dijo que fuese a buscar la ropa para aclararla, torcerla, (sacarle el agua el máximo posible ) y tenderla para llevarla para casa ya seca.
    Salí del recinto cerrado y fui a hacer lo que mi madre me había encomendado. Metí la ropa menuda dentro de las sábanas, agarré las cuatro puntas de la misma y todo aquél fardo de ropa lo pegué a mi pecho. Cuando crucé aquellos veinte metros y le dí el envoltorio a mamá, ella lo puso encima del lavadero y al abrirlo salió una culebra del estilo de esa de la fotografía. Mi madre y yo lanzamos un grito que fue escuchado por tío Juan ( el dueño del río). Trajo una caña, la sacó de dentro del agua y la mató.
    Siento mucho este final, Fernando, pero para nosotras en aquel momento fue un final feliz. Sabes que soy amantísima de los animales pero con los ofidios, no puedo.
    Besiños palmeiráns, Fernando.

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