Na residencia

depositphotos_446632600-stock-illustration-group-of-senior-friends-playingUxía Casal. Xa me amolou o Paulo con iso de que era rancorosa e infantil. He! Infantil! Todo o que non lle vaia polo rego para el é infantil, non lle cae a palabra da boca. Don Perfecto habería que chamarlle, que nunca mete a pata nin se desquita cando llas fan. He! Si, claro, é moi doado falar cando o asunto non te afecta, e a el nesta leria nada lle vai nin lle vén. O que teño claro, abofé, é que o do Matías non ha quedar así, por moito que diga o Paulo; non, ho!

Menos mal que o Iño e a Nucha dan unha volta acotío pola nosa mesa e lle botan unha man —nunca mellor dito—, porque se non, o Matías non facía ben unha comida, vaia que non! Claro que… agora que o penso… Se cadra non foi el o que…

A ver, que me perdo. Estabamos á mesa el, eu, o Paulo e… Ai, esta condenada cabeza! Quen raio sería…? Ah, xa! O baboso do Xaquín. Uf! Non me estraña que o esquecese; porque mira que me cae mal o confianzudo ese! Un acabado de chegar e fálache como se te coñecese de toda a vida. Maldita graza que me fan eses chistes que conta, che! Ben se lle nota a teima, coma a todos os homes, por outra parte, que coxean do mesmo pé os cabróns! Teñen a cabeza entre as pernas e non lle hai que facer. Pero o do Xaquín é moito, pásase da raia nun nadiña, e sempre vai dar xusto «aí». E o Paulo non lle anda detrás, que está sacando un pelo que… Parecía parvo, pero…

Ah! Acabo de caer en que o pobre Matías non puido ser. Debeu ser o Xaquín, iso é!, que non mirei para el unha soa vez. O Paulo non se atrevería. Pois vai saber ese lampantín! Onde se viu roubarlle a torta de queixo a unha pobre vella, eh? Onde se viu?

2 comentarios en “Na residencia

  1. Uxía:
    Me costaba creer, que pudiera haber ese tipo de “tuberculosis” en las personas, pero por desgracia todavía existen bastantes. Lo triste es que ellos son felices, sembrando odio hacia los demás. No ven la nobleza, un gesto de buena voluntad de quienes tienen delante, porque piensan que todos son de su misma condición. Desconocen el sufrimiento ajeno porque, ellos, parece que nunca han sufrido. No entienden de compasión, ni dar cariño a nadie, por eso es difícil que encuentren la felicidad, porque poco saben de ella.
    Respecto a los abrazos, estos confortan mucho como bien dices, sirviendo como relajantes, ya que generan una gran sensación de bienestar; aumentando el buen estado de ánimo y energía.- No nos salvarán, pero no dudo que contribuirán a curarnos de esa “tuberculosis” del alma como indicas.

    Me ha gustado tu narrativa.
    Mis saludos, desde Palmeira

  2. ¡Cuántos mayores! ¡Cuántos de la tercera edad!
    Nunca les he llamado viejos, ni ancianos.
    Sí, son esos que les “cae la pinga de la nariz”, y les “tiembla la mano” cuando llevan una cuchara a la boca. Y que a mí, al igual que los bebés, me producen cierta ternura. No dejemos de atenderles con respeto y cariño. Ellos, también nos atendieron cuando no sabíamos valernos por nosotros mismos. Ahora, con la edad, son como bebés, pero dando más trabajos por su peso. Y perdida de razón, en muchos casos. Conocí muy de cerca, cerquísima, a una persona mayor que decía deseaba morirse; que ya había vivido lo suficiente. (102 años) Y que ahora lo único que estaba dando, era trabajo a su familia. En este caso a sus dos hijas, sobre todo, a la mayor que era con quien vivía. Esa señora, era mi MADRE.
    Oír decir esto a una MADRE, a unos padres que han hecho tanto por nosotros, te parte el alma, por eso no debemos “escatimar” tiempo para dedicarles, cada día, unos momentos de nuestra vida.

    De las Residencias solo puedo decir: que no me gustaría acabar en un lugar de esos a no ser que ya no supiera quien soy, no conociendo siquiera a los míos. No siendo así, me gustaría terminar mis días, en mi casa o con mis hijas.

    Es lo que deseaba comentar sobre una entrada de hace días. No logré encontrar el título, y por supuesto, quien lo ha escrito.

    P/D: ¡Perdón! Ya he encontrado quien ha hecho la entrada. Ha sido Uxía, y su título es: “Na residencia”. Triste, pero me gustó.

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