Vida de porcos

the pigAntón Riveiro Coello. Hai uns días asistín abraiado á nova entrega de Salvados, onde o protagonista, desta volta, era o porco, un animal ao que sempre lle tiven certa querenza non só pola súa carne senón tamén porque forma parte emocional do meu pasado. De neno, cando ía á aldea, o porco case era un máis da familia. As cortes estaban ao carón da cociña e os gruñidos mesmo parecían formar parte das nosas conversas. Iso si, o inverno traía a matanza, unha festa para todos, agás para min, que non aturaba as queixas do animal no momento da morte, nin tampouco o ritual de o queimar coas pallas, algo que durou ata o día en que o meu pai levou o soprete e rematou coa tradición. Pois ben, o programa de Jordi Évole entrou na intimidade da industria cárnica e amosou imaxes arrepiantes de porcos mortos, doentes, con tumores e esfameados. Como engadido a este horror, ergueuse a denuncia dos traballadores, os máis deles inmigrantes, que exercen na máis absoluta precariedade e teñen a percepción de que a súa vida vale menos que a dos animais. O impacto foi grande pola evidencia de que estamos diante dunha industria prexudicial para o medio ambiente, para os animais, para os traballadores e para a saúde pública. Non sei se esta denuncia axudará a mudar as cousas, agardo que si, pero non me cabe dúbida de que cando collamos no supermercado os lombos, o xamón ou ese chourizo tan ben envasado, cavilaremos na vida ruín que debeu de levar o porco e poida que volvamos sentir un forte arrepío. Tampouco hai que idealizar a vida do porco que se cría na aldea. O seu destino tamén pode ser cruel, pero dalgún xeito teñen certa identidade, levan outra alimentación, viven máis meses e morren para quedar en nós, a súa familia.

2 comentarios en “Vida de porcos

  1. Querida Magdalena: Alégrome que o meu “porquiño” che fixese volver á nenez e que a compartas connosco nun texto tan ocorrente. Grazas e un bico

  2. Querido Antón:
    He llegado hace un rato del lugar donde mi abuelo vio la luz por primera vez: Noia. Un lugar al que quiero casi tanto como a Palmeira. Debe ser porque adoraba a mi abuelo y él, me hablaba mucho de su querida tierra. He ido como todos los años a felicitar y abrazar por su onomástica a Lázaro “el resucitado” a su capilla donde se venera desde el siglo XVIII, creo. A pesar de algún chubasco, el tiempo fue bastante indulgente y nos dejó disfrutar de una mañana placentera.
    Aunque el título de tu artículo no tiene nada que ver con la hagiografía del santo, hoy he querido mencionarlo. Ahí queda. Felicidades a todos los Lázaros.
    Te diré que me has hecho recordar mi lejana niñez y voy a contarte lo que todavía anida en mi memoria. Nosotros vivimos siempre en el puerto, somos (pescas) como nos llaman las de las aldeas, (ahora ya no estamos tan cerca del mar) y el linde de nuestra casa se unía con otra más bajita donde era la morada de cerdo, gallinas y conejos. Estos últimos, después de sufrir la mixomatosis nos abandonaron y no quisimos recibir a ningún pariente más. El mamífero porcino, también dejó de ser inquilino cuando el ayuntamiento prohibió tenerlos por la calle. Sí, Antón, sí, así como lo estás leyendo: las gallinas y cerdos campaban a sus anchas por la rua. Mi madre, y abuela (yo todavía era pequeña para dichos menesteres), como todo vecino que tuviera dichos animales, limpiaban los excrementos cual barrendero público, y las calles estaban más limpias que ahora. Las gallinas se iban para la playa a escarbar y comer gusanillos y cuando anochecía ellas solitas se recogían y venían en fila india para su gallinero. A partir de la orden dictatorial del encierro de los pobres animales, solamente dejamos sin recreo a las gallinas, pero bien acompañadas siempre de unos cuantos gallos para que le hicieran la vida más placentera y no echaran tanto de menos la playa del “baluarte” o en su defecto la playa de “cruces”.

    Y ahora más en serio, querido Antón, te diré que yo no he visto el programa que citas, pero sí, las imágenes en el móvil y me han impresionado. Soy muy amante de los animales, ( J.M.) dice que me paso. No lo sé, lo único que sí, sé, es que los animales sufren exactamente igual que las personas, y todo aquél que los maltrata es porque su corazón es como el granito. También sé, que muchos han nacido para ser sacrificados, yo como carne, pero, una cosa es sacrificarlos como es debido y otra es ensañarse con ellos. Como bien dices, Antón, además del maltrato, nuestra salud también está en manos de esos desalmados que solo buscan el lucro personal.
    Bueno, ahora te dejo, voy a dar mi diaria caminata para estirar el rico pulpo y el excelente churrasco que nos han servido en Noia, por el buen sabor que tenía, seguro que era de buena calidad.
    Besiños Antón.

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