A Compaña

OLYMPUS DIGITAL CAMERANatividad Rey. Teño metido no corpo o frío daquela noite, ou máis ben, a xeada fría como a morte. Si, era unha sensación do outro mundo; viña do Alén.  Aterrecedora. que me fixo conxelar as costas ata deixarme petrificado. Aquel día ía camiñando pola incerta verea vella cando a noite comezaba a caer. O sosego veu a min cando cheguei á encrucillada dos tres camiños e vin o fachuco que alumeaba a entrada á aldea, e do outro lado estaba o cruceiro gravado na rocha. Sentín a necesidade de esvarar os meus dedos polos trazos que formaban a cruz, ese símbolo que se fixo para protexernos de inmensa  desventura que tiñamos. Axeonllándome, acariñeino, fretei sentindo as rugosas liñas na pel dos meus dedos, e recei. Deus estaba comigo.

Pasados uns minutos erguinme cheo de acougo e tranquilidade. Continuei o meu camiño e este tornábase cada vez máis escuro e frío. Volvín arreguizar. A xeada envolveume dende os nocellos ata o peito. Mirei cara a todos os lados para saber de onde procedían aquelas tan baixas temperaturas e, ao fondo da verea vella, pasado xa o gravado do cruceiro, divisei como corría cara a min a borraxeira que clareaba a escuridade, e traía un candil. Era a Compaña! Sentín terror e dei en correr ata chegar á casa. Entrei e, dunha portada, pechei a porta apoiándome de costas nela. O medo que levaba impreso na miña face non puiden ocultalo e a miña muller díxome:

—Parece que te atopaches coa morte polo camiño.

—Si, e sentina.

—Debes protexerte, meter no peto unha cruz ou unha poliña de oliveira bendicida. Xa sabes, para faceres un círculo no chan e meterte dentro ou faste o morto; pero poden pisarte e quedas magoado. O importante e que non che dean a cruz.

Alentei, tiña razón a miña muller. A Compaña pode ser moitas cousas, inda que de santa ten pouco.

7 comentarios en “A Compaña

  1. Por favor!!! No habléis de “A Compaña”que, cada vez que la recuerdo, aún tengo el miedo metido en el cuerpo. Es por lo que me viene a la mente la época de mi adolescencia, cuando tenia que llevar mis cartas al correo para aquel rendido admirador. En ocasiones lo hacía a “trompicones” temiendo se me echase encima la “Compaña” ya que las 12 de la noche era su horario habitual para salir, -y temido por las niñas de aquella época.- Nosotros teníamos la “estafeta” de correos al lado de casa, pero con el tiempo y la muerte del Señor Cándido, que era el cartero del pueblo por excelencia…cambió a otro lugar y nos vimos obligados a desplazarnos a unos cientos de metros de casa. Y cuando algunas familias tenían que ir al correo lo hacían en “penumbra”, sobre todo, en invierno por la falta de luz en las calles.
    A mí, la abuela, me “amedrentaba” con la “Santa Compaña”, a pesar de no ser una abuela muy rural, pero si ello servía para que estuviera antes en casa, me la tenía siempre presente. Yo, con mis ocurrencias, me decía: pues menuda Compaña!!! Y eso que es Santa.
    Ante este panorama recuerdo que, una noche, eché mano de un “choquiero”. Así se le llamaba a un palo corto y grueso ( parecía la porra de un Guardia Civil), con el cual jugábamos a un conocido juego llamado “la villa”. Y ese “tarugo” de madera, me daba cierta seguridad, en el caso de que se presentara la Santa. El propio miedo me hacia obrar así. Otro día llevé una botella, vacía claro. Luego, con la edad, nos dábamos cuenta de que todo había sido un “camelo” para que volviéramos pronto a casa. Y creíamos en las abuelas porque nunca nos mentían.
    Mi recuerdo cariñoso desde mi bella Palmeira.

  2. Introducción:
    Que os sugiere la estampa?, nada. Lo que muestro en la imagen?, menos todavía. En todo momento, creí, podría insertar la foto que es la que realmente daría vida a la historia. Siento no haya podido hacerlo porque tendría más gracia; pero por muchos intentos que he hecho, no ha sido posible. Y como la tenía escrita hace días, me daba pena no enviarla. Supongo que alguno recordará ese tipo de “aseo” sobre el que versa mi historia. Mi intención ha sido haceros reír con mis recuerdos del ayer. Si lo he conseguido, me doy por satisfecha.

    Comienzo:
    Que os sugiere la estampa? A mí…?, la de volver de nuevo a la edad de los calcetines y el vestidito de Vichy. Os cuento: Me encontraba jugando, en aquel entonces, con una amiguita en su casa, y le pedí a su madre que quería ir al aseo; hasta ahí todo bien, pero cual no sería mi sorpresa cuando me hacen salir a la huerta y me encuentro con lo que quise “mostraros en la imagen”. En aquel momento sufrí una especie de bloqueo pero que enseguida me recuperé porque era una niña con cierto ingenio y pronto le sacaba provecho a las cosas. En un principio creí era una casita para jugar a las muñecas, pero una vez que me iba acercando, vi que no era así por el olor que desprendía la misma; entonces comprendí que la casita no era precisamente para tales menesteres. Por eso metida en el ajo de lleno, me dije: ¿me siento? ¿me subo? Menudo dilema.!!! Si me sentaba con los bordes mojados malo, si me subía peor.

    Los bordes mojados eran habituales, ya que si no atinabas bien con el agujero, al colocarte en cuclillas, corrías el riesgo de hacerlo por fuera; o lo que es peor: “embadurnar” los zapatos. De ahí que cuando alguien no controlaba bien el agujero, había al lado un caldero con agua para que, con fuerza, lo “chimparas” sobre la tarima y limpiar así algún que otro tropiezo que hubiera, ya que no siempre se trataba de hacer “pis”.

    Quería decir con esto; que cada vez que te encontrabas con este tipo de “excusado”…tenías que hacer juegos malabares para atinar “co buraco”. Y no hablemos después al “defecar”; esa era otra historia, ya que para limpiarse el “trasero” lo hacían con papel de periódico- si alguien leía la prensa en la casa, claro-, o bien a mayores, te ponían un rollo de papel el Elefante, “que máis que limpar, escorregaba”.

    Y esta ha sido otra de las historias de mi infancia.
    Mis saludos desde este bello rincón de Palmeira.

  3. Magdalena, me gusta mucho que compartas tu historia vivida en primera persona, gracias! Seguro que el susto no fue poco en el momento de ver luces… Buenas noches.

  4. Buenas tardes, Natividad:
    Bonita historia. Me puse en la piel del protagonista al leerte pues, hace muchos años, cinco adolescentes decidimos hacer una novena a la virgen de Moldes; salíamos de casa a las siete de la mañana, pues a las diez ya había que estar en el taller de costura. No recuerdo la fecha concretamente, pero lo que sí tengo presente es que cuando salíamos de casa no se veían ni las manos. Un día, al llegar cerca de Moldes, nos paramos en seco al ver muchas lucecitas en “piedras vermellas”. ¡ La santa Compaña ! -dijo una del grupo- nadie replicó palabra pero, el sístole y diástole hizo aumentar dos tallas nuestros castos senos. El susto fue tan morrocotudo como momentáneo, pues enseguida nos dimos cuenta de que aquella colla de chicos y chicas sobradamente provistos de alcohol habían pasado la noche socializando en alegre camaradería y mutuo conocimiento. Recuerdo también que en aquellos días estaba leyendo “Divinas palabras”. En ella se hacía referencia a la Santa Compaña, y cuando proseguimos la caminata puse en mi boca unas palabras de don Ramón y le dije a mis compañeras toda llena de razón: No hagáis caso, la Compaña no existe , Valle-Inclán dice que las personas que dicen esas cosas son lenguas anabolenas, osea, mentirosas.
    No sé si en aquel entonces las convencí, pero ahora nos reímos mucho al recordarlo.
    Besiños palmeiráns, Natividad. He disfrutado leyéndote.

  5. Cando mozos casadeiros, meu avó veu as luces da Compaña levando á casa á namorada. Contaba miña avoa que el correu a canto daba ata cruzar a ponte de Noia -aínda hoxe non me explico a miña presenta neste mundo-. Desque erqueron en vistalegre o tendido eléctrico, ás súas noites quedaron orfas da presenza das almiñas dos defuntos.

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