Bromas

PM607-tirolina_parque_infantil_w0Antón Riveiro Coello. Fun obxector de conciencia, pero, aínda así, sufro a mili nesas conversas ateigadas de anécdotas doutros amigos que si tiveron que pasar por ela. Calquera pretexto é bo para introducir o tema e castigarte coas aventuras dun período inútil ao que, con todo, moitos lles tiran certos beneficios como o de apañar grandes amizades ou facerse home de vez. Nesa “formación” contaban, é moito, as bromas, as máis das veces brutais, infrinxidas aos recrutas. Esa didáctica da novatada poida que tamén estea detrás da mente escura dese monitor adulto que lle pon medo a un neno antes de que este se guinde nunha atracción dun campamento de verán. O vídeo, viral, recolle o pánico dun cativo que escoita frases medidas para inspirar un medo atroz. Pero o máis terrible do asunto, á parte do sufrimento do neno, é que esa escena está autorizada polos seus propios pais. A xustificación dos adultos é que se trata dunha broma sacada de contexto. En fin, isto lembroume a un pai que un día se lle achegou a un vello profesor para lle pedir que batese no fillo tanto ou máis do que xa batera nel. Triste, moi triste pensar que se pode transformar o medo e a tortura en algo positivo, ou que unha broma fomente algunha clase de ironía. Non, a educación é algo moito máis delicado e complexo. Por iso, comprendo a queixa dalgúns profesores cando poñen o foco dos problemas dalgúns nenos nas súas propias familias. Un meu amigo que gusta de falar claro e con palabras redondas, ten unha fórmula infalible para esas nais ou eses pais que cuestionan o seu traballo. A receita non é outra que chantarlles, a xeito de broma, que para ser profesor hai que estudar unha carreira e pasar unha oposición, algo que non acontece para ser nai ou pai.

4 comentarios en “Bromas

  1. De nuevo con vosotros después del “descanso veraniego” para proseguir con mi relato dejado a medias. Os comentaba que, aunque no he tenido hijos varones, conozco un poco la historia de aquellos chicos que una vez cumplida la edad obligatoria para incorporarse al Servicio Militar, entre Marín y Ferrol.., muchos lo hacían a “regañadientes” por lo que otros contaban, pero una vez metidos en el ajo, la historia no era así ya que consideraban se les trataba bien comiendo y aseándose, incluso, mejor que en sus casas. Eran otros tiempos!!! Os hablo de los años 50-60. Y que la disciplina recibida, a muchos, les había servido para hacerse más hombres en el terreno personal. Por eso cuando se iban “franco de ría” a pasar unos días con sus familiares y amigos, lo hacían con un talante distinto al primer día.

    Se les llamaba ”quintos” a todos aquellos que se incorporaban a la “mili”. Y la expresión irse “franco de ría” significaba el permiso de los marineros. Es por lo que recuerdo ahora una anécdota de mi pueblo-, de una mujer que viendo hacer a su marido un trabajo en la huerta, no acorde con su edad, le decía: >> Non te “esbrilles” Manuel, que esta semana ven o rapaz “ franco de ría”, e xa fai o traballo por ti. Qué risa!!! Me río porque, al parecer, la “palabreja” tenía una cierta connotación “picante” para las gentes, por eso nos reíamos al escucharla.

    Y ahora le toca el turno a nuestra querida Magdalena: Dice que guarda en un cofre, un hermoso “manojo” de bellas flores- en forma de cartas- que ella cuida con mimo; abriéndolo de vez en cuando, para que esos pétalos de papel que alguien con amor le escribió…no se marchiten !!!NUNCA!!!

  2. Lo siento, pero se me ha ido el texto, respecto a la Mili, sin terminar. Lo enviaré en Septiembre. Debiera, sobre la marcha, existir una especie de borrador, para corregir estos pequeños o grandes fallos. Si lo hay, lo desconozco.

  3. No he tenido hijos varones pero conozco, un poco, la vida de estos muchachos, que una vez que se les presentaba la llamada para cumplir con el Servicio Militar entre Marín unos, y Ferrol otros…Se iban a “regañadientes”pensando que allí no se iban a encontrar con un camino de rosas precisamente. Sin embargo, una vez metidos en el ajo, reconocían que les trataban bien, comiendo y aseándose, incluso, mejor que en sus casas. Eran otros tiempos!!! Os hablo de los años 50-60.

  4. Buenos días, Antón:
    Hoy quería poner coto a la ingesta de cafeína y abstenerme unos días del (cafeto)pero, el artículo que hoy presentas con tan alto contenido en compuestos verbo-estimulantes, me ha hecho picar el anzuelo y sentarme ante el aroma del café barbantiano.

    Yo también he visto ese vídeo, y me ha parecido una aberración el comportamiento del monitor hacia el chiquillo. Espero que la propagación del mismo, le sirva para sentirse avergonzado de protagonizar tal acto.
    Mi yerno también fue objetor de conciencia y nunca le he oído contar ninguna experiencia de esa etapa vivida. J.M en cambio, estuvo en la mili 21 meses y no sabes lo que yo tengo que aguantar escuchando sus peripecias pasadas entre Marín y Ferrol. Yo siempre creí que para ellos era algo enojoso, pero no, por lo visto y oído lo han pasado relativamente bien. A veces releo las cartas recibidas de aquella etapa; nos escribíamos una diaria. Las mías, no sé adonde han ido a parar, (así sois los hombres) las suyas, las originales, las tengo dentro de un cofre atadas en manojos de veinte, con un lazo, y digo las originales, porque hice una copia de cada una de ellas y luego en la imprenta me hicieron dos libros con fotos inclusive, pertenecientes a la carta correspondiente. Así, cuando me apetece, echo mano del libro epistolar para revivir aquellos días pasados. En fin, Antón, dejando a un lado las batallitas, para mí, fue una etapa de grato recuerdo que revivo con asiduidad.
    Y acabo, he terminado el último sorbo de la infusión de “coffea” y me voy para la cocina a preparar lo que requieren los comensales.
    Besiños palmeiráns.

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